Desde Cambio de Uso Barcelona realizamos decenas de visitas de viabilidad a locales cada mes, y confesamos que la estampa que nos encontramos nos produce cada vez más tristeza. Barrios enteros llenos de hileras de locales con la persiana bajada, cubiertos de polvo y grafitis, que llevan años sin uso.
Pero lo que verdaderamente nos frustra como arquitectos es el enorme contraste que vivimos a nivel técnico y humano. Da auténtica pena ver cómo proyectos en locales amplios, luminosos y con un potencial increíble son denegados por pequeños detalles normativos (unos pocos centímetros de altura, un rigor extremo en los cálculos de ventilación o la cuota de densidad). Mientras tanto, a escasas calles de distancia, en barrios como el Raval o Ciutat Vella, se toleran situaciones casi infrahumanas: familias viviendo hacinadas en pisos oscuros, sin ventilación cruzada y en condiciones de habitabilidad que jamás pasarían el filtro de un proyecto de cambio de uso actual.
Frente a esta realidad, y en plena emergencia habitacional, el sentido común dictaría facilitar que esos locales vacíos se transformen en hogares dignos y modernos. Sin embargo, el Ayuntamiento ha vuelto a dar un portazo, rechazando flexibilizar la conversión de locales en planta baja. ¿Por qué la administración sigue ignorando este potencial?
El comercio de proximidad no se salva prohibiendo, se salva incentivando
El principal argumento del consistorio para frenar los cambios de uso es la protección del comercio de barrio y la vida a pie de calle. Es un objetivo que compartimos al 100%. Todos queremos barrios vivos.
Pero la normativa peca de un dogmatismo ineficaz. Prohibir el cambio de uso a vivienda no hace que, por arte de magia, un emprendedor decida abrir una panadería en una calle secundaria sin tráfico peatonal. Simplemente condena a ese local a la degradación.
Si las administraciones quieren proteger los negocios físicos frente a la apisonadora del comercio electrónico, tienen que ofrecer incentivos reales, no castigar al propietario del local. Hablamos de bonificaciones fiscales, ayudas directas a la implantación, reducción de tasas de basuras o licencias de actividad exprés. Si no se incentiva de manera proactiva al emprendedor, bloquear el cambio de uso no cambiará nada; la situación del comercio a pie de calle sencillamente continuará yendo a peor.